No hay diferencia entre jugar la vuelta de una eliminatoria en casa o fuera

A pesar de lo que se ha considerado tradicionalmente, disputar la vuelta de una eliminatoria en casa no da ninguna ventaja sobre hacerlo fuera.

Desde siempre ha existido la creencia de que jugar una eliminatoria en casa, bajo el calor de tu público, te daba cierta ventaja en el cómputo global de los 180 minutos para estar en la siguiente ronda de la competición. Por eso competiciones como la Champions League o la Europa League conceden en los primeros cruces tras la fase de grupos esa teórica ventaja a los equipos mejor clasificados, que disputan en su estadio los partidos de vuelta.

Sin embargo, hay muchos condicionantes que me inclinan desde hace varios años a pensar que, lejos de ser así, ocurre exactamente al contrario: es mejor jugar fuera. O, al menos, que no hay una diferencia significativa entre una opción y la otra.

El primero de ellos es la regla del valor doble de los goles en campo contrario en caso de empate (regla que data de los años 60 y que se instauró para evitar que los equipos se encerraran descaradamente fuera de sus estadios). La norma, muy criticada actualmente por entrenadores como Arsene Wenger, Diego Pablo Simeone o Jose Mourinho, dejó de tener sentido hace mucho tiempo. Pero lo cierto es que condiciona decisivamente los planteamientos, hasta el punto de que son cada vez más los entrenadores que se muestran más conservadores en casa, donde encajar goles penaliza gravemente, que fuera, donde cada gol supone un beneficio considerable. Mediáticamente no está muy bien visto. Quizá tampoco lo agradezca el público. Pero es lo óptimo. Por ello, jugar la ida en casa da un doble valor añadido: puedes intentar encarrilar la eliminatoria con el apoyo de tu público y en la vuelta sabes exactamente con cuántos goles en contra has sido penalizado en tu estadio, con lo que puedes plantear la vuelta en consecuencia y especular con este dato.Y el segundo condicionante, no menos importante, es que, en caso de que la eliminatoria se resuelva en una prórroga, los goles del equipo visitante siguen valiendo doble, con lo que quien juega la vuelta en casa tiene un enorme hándicap. Los goles de su adversario habrán valido “doble” durante 120 minutos de la eliminatoria, mientras que los suyos sólo lo habrán hecho durante 90 minutos. Todo ello  neutralizaría el factor emocional de jugar la vuelta con el aliento de tu público.

¿Qué dicen los datos?

He querido comprobar esta hipótesis con datos. Para ello me he ido a las eliminatorias disputadas en Champions League y Europa League en las siete últimas temporadas (cuando nace la Europa League), más los octavos ya disputados esta campaña de dicha competición, muestra suficiente para constatar la teoría. He eliminado del estudio los octavos de final de la Champions y los dieciseisavos de final de la Europa League porque en ambos casos, las eliminatorias están condicionadas por la fase de grupos, al disputar los mejores equipos la vuelta siempre en casa, alterando el resultado de la observación. Por tanto, observaremos sólo las eliminatorias disputadas en Champions de cuartos de final en adelante y, en la Europa League, de octavos de final en adelante.

La conclusión es que no hay una diferencia significativa. En un 52% de las ocasiones avanzó el equipo que jugó la vuelta lejos de su estadio, y en un 48% el que disputó la vuelta en casa.

No es que jugar la vuelta en casa no dé ventaja: es que podría suceder al contrario. En cualquier caso, la diferencia es mínima y puede ser fruto de la varianza estadística (azar). Pero sí parece claro que es prácticamente lo mismo, que no da ventaja especialmente ni jugar primero ante tu público ni hacerlo en la vuelta para cerrar una eliminatoria.  Vemos los datos en profundidad:

 

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